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Notre Dame: La joya devastada por las llamas

incendio notre dame

Hoy París llora. Y, con él, cualquier amante de la belleza.

La tarde del 15 de abril será difícil de olvidar para los parisinos, para los franceses, y para todos nosotros. En directo y con imágenes sobrecogedoras, el mundo entero paraba para observar el terrible incendio que asolaba la imponente Catedral de Notre Dame.

 

Notre Dame: Historia de una maravilla europea

 

Hermosa, lúgubre, casi eterna. La Señora de París refugiaba entre sus muros una historia de más de 800 años. Terminada de construir en el siglo XIII, ha sido testigo de importantes hechos como la Revolución Francesa o las Guerras Mundiales.

Siempre de pie. Siempre atenta.

La Dama que vio cómo París se convertía en la ciudad que es hoy. Su amplia sombra ha cobijado a millones de curiosos, parisinos y extranjeros que no concebían visitar París sin observar la opulencia gótica de la catedral.

En poco más de una hora, el incendio asoló uno de los monumentos con más historia de la ciudad, reduciendo su cubierta y su interior a cenizas. 

Hoy todo se ve un poco más negro en París.

 

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Catedral de Notre Dame, París 2018

 

El incendio de Notre Dame arrasa con ocho siglos de historia

 

Eran poco antes de las 19:00h cuando ayer 15 de abril el mundo se quedaba paralizado con la noticia. La Catedral de Notre Dame estaba sufriendo un terrible incendio.

Poco tardaron las llamas en propagarse por la estructura superior del monumento, que fue pasto del fuego poco después de su aparición.

Un incendio que se ha llevado consigo ocho siglos de historia y parte del símbolo de toda una nación. Pocos éramos los que pudimos ver las imágenes sin sentir un fuerte sentimiento de impotencia y lágrimas en los ojos. 

Tristeza por la historia, el arte y la cultura perdidos.

Desolados por esa caída de lo sublime que presenciamos en directo aunque estuviéramos en la otra punta del mundo. 

 

La imagen que nos dejó sin aliento

 

Al poco tiempo de declararse el terrible incendio, llegó la imagen más sobrecogedora. Muchos estábamos atentos a través de las noticias y redes sociales de la última hora en París. Pero llegó la imagen que dejó sin aliento a medio mundo: la caída de la aguja central, un símbolo más de la historia de la Catedral de Notre Dame, que fue pasto de las llamas apenas una hora después de que comenzara a propagarse el fuego.

 

 

En ese momento el mundo entero parecía estar presenciando una catástrofe. El equipo de bomberos y portavoces de la catedral no estaban seguros de la resistencia de la estructura.

Pero Notre Dame sobrevivió como pudo.

El tesoro interior del templo fue puesto a salvo poco después del comienzo del incendio y la estructura ha podido resistir gracias a los esfuerzos de los bomberos por refrescarla durante todo el tiempo que las llamas han estado acosando al célebre monumento.

 

Un símbolo de París gracias a célebres artistas

 

 

Todos conocemos al mítico Jorobado, un personaje de la obra de Victor Hugo Nuestra Señora de París. El escritor escribió esta obra debido al mal estado de la catedral ya en el año 1831. Toda ella es una queja a la mala gestión de conservación del monumento. De hecho, él mismo ya profetizó: 

 

«Quizás la iglesia misma desaparezca pronto de la faz de la tierra.»

 

En 1845 se aprobó una ley para restaurar la catedral. En el siglo XIX y gracias a su obra, Victor Hugo y sus célebres personajes salvaron Notre Dame.

Después de lo presenciado este 15 de abril, no nos queda más que mantener la esperanza. Esperanza por ver a la catedral resurgir de sus cenizas. Por poder disfrutar de cada detalle del monumento. Y por volver a observarla con emoción en los ojos y no con la tristeza que nos ha dejado.

 

En palabras del poeta francés Gerard de Nerval:

 

«Aunque Nuestra Señora es muy vieja, es posible

que algún día sepulte a ese mismo París

que ella ha visto nacer; pero cuando transcurran

más o menos mil años, podrá el tiempo abatirla,

como un lobo derriba hasta a un buey, y torcer

esos nervios de hierro, y roer con sus dientes

tristemente su antigua osamenta de roca.

Para entonces vendrán gentes de todo el mundo

para así contemplar esas ruinas austeras,

releyendo abstraídas la novela de Víctor…

Y la antigua basílica creerán estar viendo,

poderosa y magnífica, como fue tiempo atrás

que se yergue cual sombra de una muerta a sus ojos.»

 

 

 

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